Capítulo 22: Sofía.

Mentiras, mentiras y más mentiras.

Esta frase absurda se ha convertido en mi canción favorita. Una vez que se empieza no se puede parar. No sé como sucede pero la mentira te consume, te encadena y te demanda constantemente.

Empiezas como si nada, ya ves. Una tontería nimia. Un simple “Estoy enfadada contigo porque no me haces caso, porque has sido demasiado egoísta como para prestarme atención”. Esa mentira fue fácil. Nadie se atrevió a cuestionarla porque encerraba una verdad a medias. Las falacias resultan creíbles cuando tienen una base en la que sostenerse; aunque sean injustas y corten a los demás para tapar la sangre de tus propias heridas.

Me he vuelto una mentirosa compulsiva. Esa soy yo. La mujer de las mil caras. He sido capaz de llevar a una amiga a la desesperación con tal de dejarla ciega a la verdad. He preferido causarle daño a Elena antes de confesarle lo que llevo ocultándole meses. ¿Pero qué iba a decirle? “Mira Elena, no tengo ganas de coincidir con tu hermano en nuestra comida de navidad. No me apetece fingir que somos dos extraños cuando es mi mejor amigo. Y encima no se te ha ocurrido mejor idea que invitar a su novia. La cual a pesar de ser sosa, aburrida y fea ha entrado en tu casa como si fuera la reina de Inglaterra

Así que sí, es culpa tuya. Tú solita te lo has buscado. Al fin y al cabo últimamente no existe otra cosa que tú, Elena. Tú y solamente tú. Lo tienes todo. Todo lo que rodea a tu ombligo. Uno orondo y enorme, en el que solo cabe la gente que seleccionas a dedo. Y claro, con Alex, Paula y Gabi, no te bastaba. También has tenido que quedarte con Santi…¿Y yo qué?, ¿Qué se supone que es para mí? ¡Me tienes harta!

Las mentiras son como un pozo sin fondo. Cuando crees que ya has sobrepasado todos los limites posibles, te sorprendes yendo aún más lejos. Es como una especie de circulo vicioso. A veces quiero gritar y apretar el botón de retroceso. Uno que me permita empezar las cosas de otra forma. Pero no puedo, es demasiado tarde. Hay mucha gente afectada. He creado una red de mentiras tan estructurada a mi alrededor que un pequeño fallo hará caer todo el enjambre. Por eso la red cada día se hace más grande. Por mucho que me empeñe en convertir una red en una manta, una red siempre será una red. Los huecos están ahí. Son parte de su esencia. Aunque tape los agujeros que puedan verse, siempre aparecerán nuevas cuerdas que no preveo. Tarde o temprano alguien descubrirá la trampa y la red no me sostendrá ni tapará más. Las mentiras tienen vida propia, crecen y mutan solas.

He ido dejando caer ciertos comentarios por todas partes. Algunos los he escuchado de otras personas y otros me los he inventado desde el principio. No se muy bien como empezó todo. Prácticamente pasé de exagerar algún pormenor de mi carrera a dar detalles complejos y elaborados sobre la vida de los demás. Lo que parece un salto complejo de razonamiento lo he vivido como un esfuerzo insignificante. Trazar historias me sale de una forma fluida y natural. Es como si no pudiera parar. Y lo más curioso, es que a medida que he ido compartiendo información, del la índole que haya sido, los demás se han ido abriendo a mí. Hoy más que nunca sé que la existencia se basa en un quid pro cuo. Cuanto más doy la gente más me devuelve. La información es poder. Y ahora mismo no existe nadie, en este plató, que conozca tanto sobre el resto como yo. Podría escribir un libro con lo que sé de las personas que trabajan conmigo. Aquí todos tienen trapos sucios que esconder.

Por eso sé que Gabi no es del todo de fiar. Todos parecen tener algo sobre lo que murmurar de ella. Su pasado la precede. Por lo visto se ha dedicado a algo más que viajar a lo largo de su carrera. Y ha viajado mucho. La lista de sitios es casi innombrable. Puedes citar una ciudad en cualquier parte del mundo, una campaña y su nombre, y verás mas de una sonrisa en la cara de una desconocida. Porque es así. Ha sido así siempre. Por mucho que digan la gente no cambia de la noche a la mañana. Algunas cosas forman parte de nuestro ADN.

Yo simplemente no me lo creo. Las conexiones no son tan únicas y especiales como para modificar la esencia de lo que somos. Y por mucho que me fastidie, o esté dolida con Elena, sigue siendo mi amiga. Sé como es. Elena nunca ha necesitado las conquistas para sentirse mejor. Jamás ha buscado nada en los demás. Mas bien todo lo contrario. Se ha pasado media vida huyendo de las cosas que le puedan hacer sentir vulnerable. Por eso esta situación me parece tan bizarra. No tiene ni idea de quien es la persona con la que se está acostando. No se imagina que puede estar siendo víctima de un amor voluble. De una treta. Y por ahí no paso. No pienso quedarme con los brazos cruzados mientras espero a que ocurra el desastre. Porque luego la que tendrá que consolar a una Elena en pedazos, seré yo. No será Gabi. Ella se irá con lo puesto, como ha hecho muchas otras veces antes.

Puede que haya sido dura con Elena, es cierto. No obstante, mi intención siempre ha sido protegerla. Ni si quiera sé por que me siento culpable. En realidad a Elena le hago un favor. No se puede comenzar una relación con alguien y descuidar todo lo demás. Como si nada existiese en el mundo. Luego si las cosas salen mal es facilísimo volver para pedir ayuda. Ahí si somos todas muy amigas. Para los momentos de necesidad. Pero para acordarse de quedar a tomar un café, llamar de vez en cuando o preguntar por el trabajo, no. Para eso parece no ser tan conveniente tener amigos.

Si Elena me hubiese preguntado por mi trabajo una sola vez en cuatro meses, tal vez le hubiese podido contar que ahora la gente me respeta. Que después de todo, contra todo pronóstico, me he ganado mi puesto. Las cosas han cambiado mucho en los últimos días. Incluso se podría decir que hasta he hecho una amiga. Una de verdad. Alguien que me escucha y se interesa con franqueza. He encontrado en Paloma del Olmo una apoyo y una fuente de aprendizaje. Ha sido una auténtica sorpresa la verdad. Ella siempre tiene algún comentario oportuno para quitarle tensión a los días difíciles. Se lo agradezco de corazón. Lo cierto es que es la única persona de todo este sitio con la que no tengo que fingir. Con ella puedo ser yo.

Es curioso como el trabajo puede unir tanto. Saca algo primario que te hace estar alerta constantemente. Como una especie de instinto de supervivencia. Pero de vez en cuando te da una tregua y te regala a personas que son extraordinarias.

Tengo las uñas fuera cada dos por tres. Me paso el día defendiendo mi sitio, cambiando historias de unos y otros para obtener pequeñas cosas. Cosas no demasiado importantes, pero al fin y al cabo comodidades que me hacen el día a día más fácil. Puede que todo sea un error. Que tarde o temprano todo esto me explote en la cara de alguna forma. O puede que simplemente me haya pasado media vida esperando a que las cosas se den en vez de hacerlas posibles. Sea como sea. No pienso desperdiciar este momento. Ahora me toca a mí.

 

 

 

 

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8 comentarios en “Capítulo 22: Sofía.

  1. Estoy segura de ello porque es imposible no querer a cada uno de los personajes que has creado. Muchas gracias por regalarnos la ilusión de querer seguir leyendo. Escribes con el corazón, y eso se siente. Un beso, escritora.

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