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Capítulo 20:segunda parte

Entro en la cocina con dos platos en la mano. Sofía, está fumándose un cigarro en la terraza con el abrigo puesto. Desde aquí se puede respirar su malhumor. Tiene el ceño fruncido y ladea la cabeza como si hablara internamente con alguien.  No sé que está tratando de resolver, pero todo su cuerpo está en tensión.

Sumerjo los platos en la pila sin dejar de mirar por la ventana. Me quito el reloj y lo dejo sobre el mueble que hay encima de mi cabeza. Me remango la camisa y abro el grifo de agua.

Alex entra en la cocina junto con Paula. Se sientan en la mesa redonda sin soltar sus respectivos vasos.

– ¿Desde cuando fuma Sofi? – pregunta Paula mirando por la ventana.

– Desde hoy – contesto mientras friego los platos.

– ¿Le pasa algo? – pregunta Paula, en voz baja.

La puerta de la terraza no está muy lejos y Paula intenta ser discreta.

– No lo sé, pero está rarísima – digo.

– ¿Y por qué no se lo preguntáis a ella? – dice Alex –. Está justo ahí enfrente.

– Alex, no creo que Sofi…

Antes de que pueda terminar mi frase, Alex abre la puerta de la terraza. Un viento helado entra por la puerta de la cocina escarchándome las manos. Cierro  el grifo de agua, cojo un trapo de cocina y me seco rápidamente las manos para conseguir sentir un poco de calor en los dedos.

– Rubia, ¿qué leches te pasa? – pregunta Alex sin ningún tacto -. Estás rarísima.

Sofía se gira con cara de indiferencia, como si el comentario no fuera dirigido hacia ella. Le da una última calada a su cigarro y entra con decisión en la cocina.

– No me pasa nada – contesta secamente.

Sofía toma asiento cerca de Paula. Alza la vista con desden, mirando a Alex con frialdad, y se sirve una copa de vino.

– Pues menos mal – le digo incrédula.

– Menos mal, ¿qué?

– Para no estar enfadada, tienes un humor de perros – respondo dejando el trapo sobre la encimera de mármol.

– Ni tengo un humor de perros, ni me pasa nada.

Se me escapa una pequeña risa sin pretenderlo. Una especie de sonido que suena más a burla que a carcajeo. Es algo completamente inadecuado que suelo hacer, sin pretenderlo, cuando una situación se vuelve contradictoria y no acabo de comprender lo que ocurre.

– ¿Te estás burlando de mí, Elena?

– No – contesto apresurada -. Simplemente me parece un poco cómico la situación.

– ¿Qué situación?

– Esta. Para no estar enfadada, pareces bastante enfadada.

– ¿Y tú qué coño sabes?

Sofía me mira directamente con los ojos abiertos como platos. Está enfadada. No se por que razón, pero es algo más que obvio.

– Sofí…- empieza a decir Paula.

– ¡No, Paula! ¡Esto es el colmo!

– El colmo, ¿de qué? No entiendo nada de lo que dices, Sofi. Me tienes completamente desconcertada, la verdad. Primero nos tienes en ascuas durante días, sin confirmarnos sin vendrás o no a comer. Luego te presentas en casa, sin avisar, sin cruzar más de dos palabras con ninguna de nosotras. Jamás te había visto más callada y de peor humor que hoy. No pareces tú, Sofi – le digo.

– Creo que no eres la persona más indicada para dar sermones, Elena.

– ¿Perdona? – Le pregunto confusa.

– Llevas semanas sin prestarnos atención, Elena. No te enteras de nada. No nos llamas, no quedas con nosotras y últimamente ni si quiera lees lo que decimos por el chat del grupo. Sólo escribes para contarnos algo de Gabi, de vez en cuando, y te largas. No estás presente. Llevas sin estar presente semanas, Elena.  Así que sí, estoy cabreada. Me jode soberanamente que solo te preocupes por mi vida, cuando a ti te de la gana.

Me quedo helada escuchando a Sofi. Lo que acabo de escuchar me parece algo completamente surrealista para ser cierto. Por lo que a mí respecta, su comentario está completamente injustificado. No comprendo absolutamente nada.

Me giro hacia Alex para buscar apoyo en sus ojos. Una expresión que reitere que tengo razón. La típica mirada que solemos intercambiar. Esa que me suele decir “Ni caso, no tiene razón, simplemente tiene un mal día”. Pero no la encuentro. No hay rastro de esas palabras en sus ojos. En vez de eso Alex gira su mirada, confirmándome con ese gesto, que está de acuerdo con lo que acaba de decir Sofi.

– No creo que sea para tanto, la verdad – intento defenderme.

– Ah, ¿no? – pregunta Sofía con sorna -. Vamos a ver Elena, ¿Cuánto tiempo hace que no hablas con Paula?

Desplazo la cabeza buscando los ojos de Paula. Paula me dedica una mueca que pretende ser una disculpa. Paula odia las confrontaciones, sobre todo si son en grupo. Lo malo de conocer tan bien a tus amigas es que sabes demasiado bien lo que quieren decir cada uno de sus gestos. Tanto los buenos, lo que deslumbran y sobrecogen, como estos, los que duelen y no engañan. Los que te dicen sin disimulo que es cierto. Que has estado desconectada, indiferente o ausente a la vida de los demás.

Lo peor del gesto de Paula es la tristeza que le suma. Hay un toque de decepción detrás de sus labios. Eso es lo que me parte. Lo que se me clava del todo en el estómago.

– Si pensabais eso ¿por qué no me has dicho nada? – le pregunto directamente a Paula.

– Pues porque no has estado muy presente, Elena – dice con un tono apacible -. Pero lo entiendo, créeme. Sé lo que es empezar una relación con alguien. Y no te culpo, ninguna de nosotras lo hacemos.

– Eso lo tendrás que decir por ti, Paula – añade Sofi.

– Sofi…- comienza a decir Alex.

– Ni Sofi ni historias, Alex. Lo sabes igual que yo. Elena no ha prestado a atención a nada de lo que nos ha pasado en los últimos dos meses. En lo único que sabe pensar es en su novia.

– No es mi novia – digo con hastío.

Un risa con mofa sale de los labios de Sofi. Una risa que escucho altísima en su tonalidad. Me ensordece los oídos y me hace daño.

– ¿Qué te hace tanta gracia? – le pregunto a Sofi enfadada.

–  Nada, solo me reía.

– Sofía, si tienes algo que decir dímelo de una vez, pero deja de comportarte como una cría.

A veces soy plenamente consciente del daño que puedo hacer sin proponérmelo. No lo hago aposta. Ni si quiera lo pienso mientras ocurre. Tal vez si lo pensase, sería capaz de frenar ciertas palabras que salen de mi boca en momentos de tensión. Así me hubiera ahorrado el comentario que le acabo de hacer a Sofi. Me ahorraría su cara de mal humor. Su mueca desencajada, levantado una ceja. Todas sabemos lo mal que lleva que hagamos alusión a su corta edad, cuando tenemos algún diferencia de opinión. Lo odia.

– A mi me hace gracia todo, Elena. Sobre todo tu ceguera galopante.

– ¿Qué ceguera? – le pregunto.

– La que llevas encima desde que sales con esa mujer.

– ¿Esa? – repito alzando la voz, completamente indignada.

– Sí, esa. Tú novia. ¡Ah, no! Es verdad…tú no la llamas así. Tú no la llamas de ninguna forma porque eres incapaz de hablar de las cosas que te asustan. Y sabes, ¿que? Puede que está vez sea mejor así, Elena, porque en realidad no sabes nada de la mujer que está ahora mismo en el salón. A penas la conoces.

Paula se levanta de la mesa, algo preocupada, y cierra la puerta de la cocina. Sofía ha dicho las últimas palabras alzando algo la voz.

– Chicas, puede que este no sea el mejor momento para tener esta conversación. Están todos en el salón. Tal vez…

Antes de que Paula pueda seguir con su argumentación, la interrumpo.

– No, Paula, deja que Sofi diga lo que tiene que decir – añado.

Sofi mueve un pie algo inquieta. Se arrepiente. Noto que duda, que se piensa lo que quiere o no decirme. Está nerviosa. Lo sé porque puedo leerla. Porque si tuviera que fiarme de su cara no encontraría nada. Su rostro es pura y absoluta frialdad.

– Yo sólo digo que no la conoces tanto. Ella lleva en tu vida unos meses, no la conoces realmente en profundidad. No sabes lo que ha hecho, ni lo que ha dejado de hacer. Nosotras, sin embargo, estábamos aquí antes… Lo más seguro es que también sigamos aquí después.

Me apoyo en el mármol de la encimera para coger aire. Necesito concentrarme en alguna de las preguntas que se agolpan en mi cabeza mientras escucho las palabras de Sofi. ¿De que me está hablando? El corazón se me acelera y el aliento se me sale por la boca. No entiendo absolutamente nada.

– ¿Estás diciendo que Gabi va a dejarme? – pregunto con un hilo de voz.

Sofi mira hacia otro lado, algo avergonzada.

– No, yo no he dicho eso. Lo que he querido decir es que deberías cuidar más lo que tienes. Novias puedes tener a patadas, pero amigas de verdad se cuentan con los dedos.

– ¡Bueno, basta ya! – dice Paula zanjando del todo la conversación.

Paula nos mira una a una, intentando buscar un ápice de cordura en nosotras. Pero ninguna dice nada. Tengo demasiado ruido en la cabeza para poder pensar.

– Yo no sé muchas cosas sobre Gabi, Elena. No tengo ni idea de lo que habrá hecho o dejado de hacer antes de conocerte. Lo que sí sé, es que todo el mundo tiene un pasado. A todos nos han pasado cosas, y eso no significa un carajo sobre nada. Además estamos hablando por hablar.

Paula se acerca a mi lentamente. Me coge la barbilla y me obliga a mirarla. Lo hace de una forma dulce, intentado cuidarme en cada momento

– No creo que alguien que te mira, de la forma que ella lo hace, tenga la intención de salir corriendo de la noche a la mañana, Elena. Todos merecemos el beneplácito de la duda. ¡Todos!

La última frase la dice en alto mirando a Sofi. Quien levanta las cejas y cruza  los brazos como si el comentario no fuera con ella.

– Sí, te lo digo a ti, Sofi.

– Ya…- contesta Sofi mirando a otro lado.

– Te has pasado, rubia – dice por fin Alex.

– Si tu lo dices… – dice Sofi, poniendo los ojos en blanco.

– No te he oído ¿Qué has dicho? – pregunta Alex.

– Lo siento, ¿vale? – dice Sofi , levantándose de su silla.

Sofía se acerca a mi y se cambia la melena de lado. Se rasca un brazo y me mira de reojo.

– Lo siento, Elena, me he pasado. Últimamente estoy muy tensa en el trabajo. Casi nadie me tiene en cuenta. La verdad es que me preocupa que me acaben echando. Se que no es excusa, no debí decir lo que acabo de decir. Lo siento.

– No pasa nada – digo moviendo la cabeza.

Intento ser complaciente para restarle valor a la situación y pretender que todas se queden más tranquilas.

– No debí decir, lo que te he dicho.

– De verdad, no pasa nada Sofi. Déjalo.

Pero si que pasa. Hay algo en mi que se está haciendo eco y tengo demasiado ruido emocional para poder acomodar todo lo que acabo de sentir y escuchar, con claridad.

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12 comentarios en “Capítulo 20:segunda parte

  1. Me está encantando tu página… La encontré por causalidades del internet, que te llevan de un lado a otro y sorprise !!!!! Me lo he leído en tres días, bueno en tres ratitos …
    Me encantan los personajes, como nos los haces conocer… muy guay.
    No quería escribirte hasta escuchar el CD de Gabi… Que regalo !!! Supersubmarina es un reflejo de Elena y “No puedo vivir sin ti” de Coque Malla me tiene enamorada desde la primera vez que la oí.
    No tardes mucho con el próximo capítulo… porfiiiiiii
    Será un regalo de Reyes…. después de Navidad 😉
    Muchas gracias por tu novela.
    Besitosssss

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