@Beamuros

Capítulo 15: Sofía.

Las últimas cuatro semanas han sido una auténtica locura. Todo ha pasado tan deprisa que casi no me ha dado tiempo a saborearlo. He recibido tres llamadas que han dado un giro a mi mundo.

La primera fue de Nacho, mi representante. Al principio me costó bastante diferenciar si estaba entusiasmado o enfadado. Nacho tiende a divagar con facilidad. Suele variar su tono emocional y no expresar lo que realmente quiere decir. Me pone histérica. No suelo soportar la falta de carácter y decisión en las personas.

Nacho me llamó nada mas saber que había pasado las pruebas. Se puso a titubear cosas ininteligibles sobre: responsabilidades, hábitos y contratos. Me puso la cabeza como un bombo mientras yo intentaba procesar la noticia. Ni si quiera había asimilado lo que eso significaba y él ya me estaba echando el sermón.

– No me lo puedo creer, he pasado las pruebas – pensé mientras oía a Nacho hablar a través del auricular.

– Sofi vas a tener que tomártelo en serio. Esto es una gran responsabilidad. No sabes lo difícil que ha sido…Miles de chicas matarían por una oportunidad como esta.

– Me han cogido en las pruebas – conseguí finalmente decir.

– Sofía Romero ¿Me estás escuchando? – me preguntó Nacho alzando la voz.

– ¡Ay Nacho! Déjame respirar un poco, ¿quieres?

– Sofía, necesito que entiendas que esto es sólo el principio. No pareces consciente…

No, claro que no lo parecía. Parte de mi sigue abrumada con la noticia. Me han seleccionado para una campaña que está destinada a patrocinar ropa juvenil en toda Europa. Si la cosa funciona, como pretenden conseguir, mi cara va aparecer en muchos carteles publicitarios de diferentes países. Puede que incluso en televisión. Esto puede impulsar drásticamente toda mi carrera profesional. Si llego a ser consciente entonces de donde me estaba metiendo, tal vez hubiera hecho las cosas de otra forma. Si hubiera sabido que la campaña iba sobre la promoción de una nueva línea de ropa, con un presupuesto descomunal, tal vez me hubiera cohibido algo más. Si además me hubieran contado que solo iban a seleccionar a cuatro chicas de todas las que se presentaron, puede que no hubiera sido yo misma. Seguramente, si hubiera sido más consciente y menos yo, hoy no estaría aquí.

No obstante el discurso que me dio Nacho, me lo han repetido hasta la saciedad, diferentes personas de distintas maneras. Me lo ha dejado muy claro desde el principio. Todo el mundo parece querer insistirme con extrema persistencia que mi paso por este plató, es una suerte enorme y un cúmulo de astros alineados en contra de mi desconocida presencia. Porque sí, en La Nuit lo había bordado. Nadie puede negarme que no haya llegado y besado el santo. Saben tan bien como yo que hice reír a más de un jefe trajeado que no hubiera dado un duro por mi en un principio. Pero eso parece no ser suficiente. Por lo visto soy demasiado mayor para afrontar una campaña de esta envergadura, por primera vez, con mis viejos veintiún años. Ahora  tengo que hacer esfuerzos  para morderme la lengua además de las uñas. Tengo que poner buena cara, tragar mis humos y decir que tienen razón; ya que hay demasiada gente descontenta por haberme dado esta oportunidad. No me han querido decir quien, pero más de una cara bonita del mundo de los cereales se ha quedado fuera por mi culpa. No lo puedo evitar…¡Me encanta!

El problema ahora lo tengo en dos campos concretamente. El primero es que no me conoce nadie. Está es la razón principal que está preocupando a la mayoría de los contribuyentes. Seguramente si no llega a ser por Gabi, hoy nadie se hubiera atrevido a contratarme. Ella ha sido la única que ha querido incluirme en este proyecto desde el principio y así ha querido hacérmelo saber. Se ha pasado el último mes sin parar de discutir con diversos colaboradores para imponer su criterio.  Algunos de los patrocinadores que van a asumir la campaña siguen sin estar del todo persuadidos. Ella sin embargo, parece realmente convencida de su decisión y confía que consiga aportar al grupo lo que esta campaña publicitaria necesita conseguir. Se ha mantenido en sus trece, sin apenas conocerme, a pesar de las constantes presiones a las que tiene que estar haciendo frente. No puedo evitar preguntarme si esto tendrá mas que ver con Elena que conmigo. Me parecen demasiadas complicaciones para querer acostarse con alguien, pero aun así, el tema me tiene algo alarmada.

Lo que peor llevo de todo esto es que Gabi no para de darme órdenes. Me dice y me repite que esta haciendo un gran esfuerzo contratándome, que puedo tener mucha proyección en este negocio si soy capaz de valorarlo. Lo expresa con una sonrisa forzada para luego mandarme de un sitio a otro sin prestarme a penas atención. Cuatro fotos con la luz adecuada y me despacha. Me trata como una cría que no sabe ni atarse los zapatos. No como al resto de las chicas. Para ellas si que tiene todo el tiempo del mundo. Y por supuesto luego está Elena. Con la que no tiene más que atenciones y miradas.

Como ahora mismo. Elena acaba de entrar. Se pasea intentando pasar desapercibida entre tanto foco. Se quita su chaqueta de cuero, entallada de color marrón chocolate, y se intenta esconder detrás de una columna para que no se note su presencia. Me sonríe y me levanta las cejas a modo de saludo. ¡Que guapa está la condenada! Y eso que no se ha esmerado lo mas mínimo en variar su vestuario. Está en la casa de la moda, y ella se presenta con unos vaqueros ajustados rotos por la rodilla, una blusa blanca de línea recta, medio metida en el pantalón. Se ha maquillado, eso sí. Últimamente lo hace mucho. No para de tocarse el pelo y mover esa melena rizada corta de un lado a otro con una mano metida en los bolsillo. Es obvio que está nerviosa. Se muerde un labio, mientras resopla, sin parar de buscar con los ojos a Gabi. Como no la encuentra, empieza a dar vueltas alrededor de la columna, aupándose sobre sus talones, intentando ser sigilosa. Al final se rinde y recurre a su bolso para sacar el mp3.

Lo que no se ha dado cuenta es que Gabi ha visto todo el espectáculo desde su sitio. Hace cinco minutos que no se ha molestado en fingir lo mas mínimo que no me está escuchando. Sonríe mientras mira su cámara con determinación. Parece que le esté sacando fotos a ella.

– Seguimos luego, Sofía.

Espero de corazón no estar haciendo el idiota aquí. Posando y luchando para ser una mas, mientras ella me considera un mero trámite para poder meterse dentro de la ropa interior de Elena. ¡Buena suerte con ello, por cierto! No sólo porque Elena parece que lleve una coraza puesta, veinticuatro horas al día, para impedir que cualquier ser humano se acerque a ella, sino porque además tiene una ineptitud inigualable para dejarse llevar y olvidar sus miedos.

Afortunadamente para mí el otro inconveniente es el que me ha proporcionado una plaza. Mis tres compañeras de batalla para esta campaña: Alicia Mora, Paloma del Olmo y Lourdes Roca, son incapaces de disfrazar lo más mínimo lo mal que se llevan detrás de las cámaras. Las tres son súper conocidas dentro del panorama publicitario nacional. Prácticamente se han repartido entre ellas todas las campañas importantes del último año. Todo el mundo las conoce. Lo que nadie parece saber es que en realidad no se soportan. Las pocas veces que hemos estado trabajando las cuatro juntas ha sido como presenciar una versión exprés de Jekyll y Mr Hyde. Caras largas antes de las fotos convertidas en sonrisas forzadas que simulan complicidad. Es completamente bizarro estar en los dos lados y ver lo que ocurre en realidad. Este hecho ha sido el que ha impulsado a Gabi a apostar por mí en contra de las opiniones del resto de los ejecutivos. Sus alegatos a favor de cómo podía influir en las chicas, consiguiendo que participasen de una forma más natural, tal como hice con Paloma del Olmo en las pruebas de La Nuit,  fue lo que consiguió convencerlos finalmente. No obstante, Gabi me ha dejado muy claro que si quiero quedarme tengo que trabajar muy duro para demostrar que ninguna de las dos nos equivocamos.

Como no se acaban de fiar de mí, me han asignado un incordio de asistente personal llamada Marisa. Controla mi dieta, mi forma de caminar, mi estado físico, mi ropa, mi dicción, mi pelo ,mis dientes…está constantemente repitiéndome que tengo mil vicios que necesito corregir, y que no me esfuerzo lo suficiente. No para de torturarme repitiéndome, asiduamente, todo lo que tengo que aprender y no hago. Trabajo el doble de horas que el resto. Me hace llegar la  primera y salir la última. Me mata de hambre y aún así espera que le de las gracias por la suerte que tengo de formarme con ella. Si de verdad piensan que soy tan desastrosa ¿por qué me han contratado? Para mi no tiene ningún sentido. Lo último que necesito es una  niñera satánica que está obsesionada con todo lo que hago, es agotador y absurdo, por eso me paso el día esquivando a Marisa por los pasillos. Me satura.

A pesar de todos estos inconvenientes el tiempo se me ha pasado volando. Mis cuatro semanas, tras la llamada de Nacho, se han basado en pruebas de todo tipo: de fotografía,  de luces, maquillaje, vestuario…¡Un paraíso agotador!  Desde que sonó el teléfono no he parado de pasearme medio desnuda dejando que gente que desconozco me vista, me pese, me juzgue , me diga donde colocarme o me recuerde lo mal que hago ciertas cosas. Me han peinado, estirado, criticado y metido en unas mallas que impedirían la circulación a cualquier ser humano. Me han hecho firmar cláusulas de confidencialidad, sobre cosas que no entiendo, y que supuestamente pueden tener una gran repercusión legal si no me las tomo en serio. Y aún así estoy encantada. No he parado de sonreír desde hace un mes, porque se apaga la luz, se encienden los focos y sólo tengo que dejarme llevar.

Lo cual me lleva a la segunda llamada en cuestión. La de Elena. Sí, esa Elena que no suelta prenda ya se muera. La misma Elena que ahora se pasea con chupetones en el cuello como una auténtica quinceañera. A pesar de lo evidente, de que todas veamos lo que ella intenta callarse, ella se los tapa y los niega. Por más que lo intente Elena no cambiará nunca. A la hora de la verdad se cerrará en banda y no admitirá jamás que está tan desbordada con está situación que se pasa noches sin dormir porque empalma noches de guardia con citas con Gabi hasta la extenuación. Preferirá mil veces morir callando que admitir que es vulnerable. Siempre ha sido así. Sólo consigue abrir una ventana a veces. Justo cuando hace sol y da la casualidad que la brisa está orientada a un cuarto específico, el de Alex.

Me destroza ver como siempre estoy esperando a que venga a mi y nunca lo hace. En vez de eso, se sienta cerca de Alex, hablando de cualquier cosa que no tenga nada que ver con el tema que le preocupa. Y Alex, lejos de preguntarle, se dedica a contarle cualquier estupidez en la que este pensando. Así se quedan las dos, inertes. Hablando de nada y riéndose por cosas que no entiendo. Lo peor es que hace efecto. Al final Alex consigue que le de algo. Un resquicio, pero algo. Mientras yo me dedico a ser la segunda de la cola; esperando a que alguna me de la primicia, como si fuera una amiga del montón, o la vecina de al lado. Tampoco pido demasiado, joder. Me gustaría que de vez en cuando, fuera a mi a la que acudiera. Como aquella vez…

Después de mas de un año de convivir con un  muro, de muchos días de inapetencia tras la muerte de su madre, entramos en una tienda de Fuencarral y encontramos un pañuelo como los que solía llevar Laura. Se quedó embodada tocándolo y me contó que a veces lo que más echaba de menos eran esas pequeñas cosas. Poder tocar algo que fuese suyo y que tuviera impregnado su olor.

– ¿Como es posible que no exista una memoria para los olores? Es como si me hubieran arrebatado un sentido sin preguntar – me preguntó consternada.

No supe que decir. La cogí de una mano y le compré ese pañuelo. Nunca se lo ha vuelto a poner, pero esa tarde merendó con el y se rió conmigo.

La he echado tanto de menos…

Por lo menos sé, que aunque no admita cosas que en realidad le están pasando, cuando en realidad lo necesite acudirá a ella. Se miraran de esa forma tan suya y se lo contarán. Es un asco absoluto pero es así. Siempre que Elena tenga un problema acudirá a Alex. A mi sin embargo me tocará esperar a las migajas.

Pero me he desviado del asunto en cuestión: la llamada de Elena. Después que Gabi y Elena tuvieran su segunda cita quedamos para hablar sobre ello. Básicamente Alex sacó a una resacosa Elena de la cama para obligarla a cenar con nosotras.

Todavía estoy impactada. En la vida había visto a Elena sonreír así. Como ahora… Me estoy probando unos pantalones azules de lentejuelas y a lo lejos está con sus cascos. Gabi se ha acercado a ella y no se han dicho nada. No hace falta. Un mínimo toque de meñique sobre la mano de Elena es suficiente. Se quita un casco y se lo pone en la oreja de Gabi. ¡Vete tu a saber que están oyendo! Por lo que a mi respecta, algo lo suficientemente fuerte como para que se palpe la tensión sexual desde aquí.

Lo más increíble es que se supone que viene a verme a mí. Yo soy su coartada. No se como puede creerse que lo que hay entre ellas no resulta evidente para el resto del mundo. Es innegable que se le está yendo de las manos. Pero claro… como no hay nada formal entre ellas, pues no se puede hablar sobre el tema sin que se ponga nerviosa o se escape por la tangente. Sólo son dos lesbianas babeantes que casualmente se están conociendo sin ningún tipo de pretensión. Además, aunque Elena quisiera algo más, de lo que realmente dice que siente o quiere ,no tendría el valor de decírselo… no se que voy a hacer con ella. A veces parece que se boicotee las cosas que le hacen feliz.

Lo que me lleva a la tercera llamada: la de Santi. He estado hablando semanalmente con Santi desde hace dos años. Elena no sabe nada. Ni si quiera se como decírselo. Tampoco es que estemos haciendo nada malo, la verdad, pero me quedo más tranquila manteniéndolo en secreto por el momento.

Cuando Elena decidió desconectarse, con la muerte de su madre, Santi se quedo completamente aislado. Elena se fue de esa casa. Se largó porque no podía soportar ver a su familia así. El padre de Elena, Ramón, no se levantaba de la cama. De la noche a la mañana, Santi pasó de ser un simple estudiante de derecho a hacerse cargo de su padre. Las conversaciones con Elena tampoco fueron mucho mejores. Todos sabemos lo difícil que es sacarle cuatro palabras a Elena que tengan que ver con como se siente. Imagínate hablar de la muerte de su madre, o consolar a su hermano mellizo.

Durante muchos tiempo Santi no supo como acercarse a ella. Estaba realmente enfadado con Elena por haberse ido. En realidad, una parte de él sigue estando furioso. Es muy curioso como funciona la genética, en casi todos los aspectos son completamente distintos. Santi es decidido y lanzado, es responsable y muy organizado. Es capaz de decirte a la cara, sin tapujos, cualquier cosa que le desagrade o con la que no esté de acuerdo y sin embargo es igual de terco e inseguro que Elena para las cosas importantes. Se muere de ganas de hablar con ella pero en vez de enfrentarla y desahogarse, se ha pasado los últimos dos años sabiendo de ella a través de mi.

Fue extraño la verdad. Al principio no entendí muy bien porque tenía tantas ganas de verme. No me tenía que haber llamado, pero recurrió a mí. Cogió el teléfono y me lo pidió a mí. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarle tirado?

En realidad no me arrepiento. Si no hubiera sido por todo esto, no seriamos tan amigos. Santi es el único con el que puedo ser completamente sincera. Llevamos un montón de tiempo viéndonos y las cosas son puramente sencillas. Todos los jueves por la noche en el mismo sitio. No es que pusiéramos una norma ni nada parecido, simplemente pasó un jueves detrás de otro como si no tuviera importancia, y cuando quise darme cuenta, llevábamos mas de dos meses quedando el mismo día. Con toda la naturalidad del mundo se convirtió en una costumbre. Una de esas buenas, donde poco a poco cuentas algo más de ti y sin pretenderlo te haces muy amiga de alguien con quien no tienes porque aparentar nada.

Nunca he podido tener amigos varones, así que para mí Santi es como un proyecto personal. No suelo acercarme de esa forma a los hombres. La mayoría de ellos no tienen nada que aportar mas allá de una buena noche de sexo, eso en el mejor de los casos. Santi es como un complemento perfecto. Es algo parecido al bolso que siempre combina con tu ropa casual, pero que nunca te pones una noche de fiesta. Me acopla bien sin presiones. Si me pregunta por Elena, le cuento como está. Me habla de su día a día, del trabajo, de chicas. Y luego me pregunta por cualquier idiota con el que este saliendo. No me juzga. Tampoco me entiende, eso lo sé, las cosas son lo que son.

Pues bien, hace dos días recibí una llamada repentina de Santi:

– Hola Pat. ¿Tienes un momento?

– Claro, para ti siempre. ¿Cómo es que me llamas a las 12 de la mañana? ¿No me digas que estas saltándote horas de trabajo?- le pregunté con sarcasmo.

– Desde que no comes patatas fritas, estás muy susceptible – me bromeó con reproche –. Tienes que decirle a esa mujer que te devuelva los carbohidratos. Cada vez estás menos ingeniosa.

– ¿A Marisa? No sabes lo que dices, esa mujer está ofuscada con mi cuerpo. El otro día me tuve que comer una palmera de chocolate en el baño para que no me viera. Jamás había conocido a alguien que estuviera tan obsesionada con cada centímetro de mi piel.

– A lo mejor le gustas – me dijo entre risas.

– ¿Qué dices? – le pregunté con disgusto -. Suficiente tengo con que sea un incordio todo el día.

– No sería la primera vez que un pobre infeliz se empeña en que le patees. Lo tuyo es casi deporte profesional, Pat.

A Santi le encanta llamarme así: Pat. Dice que tengo la manía de patear a los hombres fuera mi cama después de haberme aprovechado de ellos. Para él soy algo así como una mantis religiosa pero en una versión mas embaucadora. Me conoce bien, de eso no hay duda, aunque se confunde en las razones. No es que esté buscando en el sitio equivocado y sufra porque no lo encuentre, es que no busco ni ansío lo que la mayoría de las mujeres de mi especie quieren. No quiero un amor eterno, ni un compañero que se aburra de mis manías placenteras. La verdad es que me traen sin cuidado las complicaciones. Lo que yo quiero es divertirme. Salir, ligar, cazar, y disfrutar de lo que surja. El sexo es lo que es, no tiene vuelta de hoja. Total, ¿para que narices iba a querer yo, soportar a un hombre más allá de la mañana siguiente?

– ¡Ja, ja! – le espeté con falso fastidio -. En serio, esa mujer está terminando con mi paciencia. Como siga así terminaré por brotarme.

– ¿Brotarte? – me preguntó confuso.

–  Me refiero a que me voy a volver loca.

– Deberías agradecerle a Paula tu educación. Si no fuera por ella aun estarías enganchada a la saga Crepúsculo.

–  ¿Me has llamado para meterte conmigo? – le dije caminando por los pasillos – ¿O tengo que recordarte que la película la fuimos a ver juntos al cine?

–  Aún sigo sin explicar por que me dejé convencer – me respondió escapando un suspiro de hastío -. Ciento veinte minutos de muerte neuronal.

– Te quejas de vicio – le dije aguantando una sonrisa.

– Es una película de mujeres. Te lo he dicho miles de veces. Hay cosas por las que los hombres no estamos dispuestos a pasar, a menos que vayamos a recibir favores sexuales a cambio.

– Entonces deberías volver a verla con María para que caiga rendida a tus pies – Le dije llegando a la zona de peluquería. En media hora tenía una sesión de fotos y debían empezar a prepararme.

– Por mucho que te cueste creerlo tengo otra serie de recursos para llevarme a una mujer a la cama. Además se llama Marta.

– Pues eso, Marta.  ¿Qué más da?  – le pregunté con indiferencia.

– Después de dos meses saliendo juntos, no estaría mal que te aprendieras su nombre.

– Si me tuviera que aprender el nombre de todas tus novias no acabaría nunca, Santi. Además, nunca me has presentado a ninguna de ellas. Por lo que a mi respecta puede ser tanto María como Marta – le dije tomando asiento en la silla de la zona de maquillaje.

– Eso tiene fácil arreglo, Pat. Sólo tienes que buscar un día que te venga bien y quedamos para tomarnos unas cañas juntos.

– No es por ser cortante Santi – le conteste con un cierto tono de desgana en la voz – pero me tienen que empezar a maquillar, y Marisa me está matando con la mirada por estar hablando por teléfono. ¿Querías algo en particular, o es que me echabas de menos?

– Sí, tengo algo que contarte.

– ¿Y bien? – le pregunté con impaciencia.

– Ayer por la tarde me llamó Elena.

– ¿Cómo que Elena? ¿Qué Elena?

– Pues Elena mi hermana, ¿quién va a ser?  – me preguntó algo incrédulo.

– ¡No fastidies!  – Le dije completamente atónita.

“Santi por favor, dime que no has sido lo bastante ingenuo , para contarle a Elena, que llevamos dos años viéndonos sin que lo sepa” Cuando esa idea me alcanzó de improvisto, se me calló el teléfono de la mano. Un sudor frío me atravesó la espalda y me quedé blanca. La cara se me descompuso al tiempo que Susana, la maquilladora, me miraba de mala gana.

– Sofía no se si te has dado cuenta, pero como no pares de moverte voy a terminar sacándote un ojo – me recriminó la chica, con evidente cansancio.

– Perdona Susana, dame sólo cinco minutos y vuelvo enseguida. Es una llamada urgente.

Me agache con un rulo en la cabeza y una línea del ojo que casi me llegaba a la oreja, para recoger mi teléfono. Salí de la zona de maquillaje llena de dudas, preguntándome como era posible que después de más de dos años, Elena hubiera decidido llamarle.

– Cuéntamelo todo. Soy toda oídos.

– Pues eso, el domingo por la mañana me llamó y estuvimos hablando un rato por teléfono. Tampoco hay mucho que decir.

– ¿Cómo que no hay mucho que decir? – le pregunté incrédula. Siempre me ha alucinado la falta de ganas, que puede tener Santi, en dar detalles de hechos importantes -. Además ¿tu no tenías una carrera el domingo?

– ¿Y que tiene que ver una cosa con la otra? – me preguntó entre risas.

– Nunca te llevas el móvil para hacer deporte. O por lo menos esa suele ser tu excusa cuando yo te llamo – le dije algo molesta.

–  Me fui a correr y luego me tomé unas cañas con Manu, por eso… – prosiguió Santi.

–  ¿Manu el del bufete? – Le interrumpí.

–  Sí ¿por qué?

–  Por nada, pensaba que sólo os veías dentro del despacho.

– Pues no. Siempre que hay una carrera nos apuntamos juntos. ¿Quieres que te cuente la historia, o no?

– Sí claro, perdona. Continua.

– El caso es que todo fue de lo más normal. Cogí el móvil mientras conversaba con Manu sin saber muy bien quien me estaba llamando. Supongo que por eso la conversación resulto tan espontánea.

– ¡Oh! – exclamé extrañada – ¿Y qué te dijo?

– Pues que me echaba de menos y tenía ganas de verme. ¿Te lo puedes creer?

– ¡Vaya! – exclamé con innegable confusión  –. Me parece algo marciano viniendo de Elena.

– Si, yo también lo pensé. No se que bicho le habrá picado.

– Creo que yo puedo hacerme una idea – dije con una vocecilla casi inaudible.

– ¿Cómo has dicho? – me preguntó Santi.

– Nada importante – contesté moviendo la cabeza de un lado a otro.

– El caso es que hemos quedado esta semana para comer y ponernos al día.

–  ¿No se te habrá ocurrido contarle que nos hemos estado viendo todo este tiempo? – le pregunté de repente algo asustada.

– Sofi, llevo mas de dos años sin hablar con mi hermana y lo que a ti te preocupa, ¿es si le he hablado o no, de ti?

– Bueno – le dije titubeando un poco – ya sabes como es Elena. Es capaz de ponerse como una furia porque hayamos estado viéndonos a escondidas y hablando de ella.

– Eso es una tontería, Pat. Elena no es así y lo sabes. Además lo que yo hago con mi tiempo libre, es cosa mía.

– Tienes razón – le contesté intentando llevar la conversación a otra parte. Mas relacionada con mi punto de vista que con el suyo. “Elena me mata. ¡No me jodas Santi!” -.Tienes todo el derecho de hablar con quien gustes. Lo que no me queda tan claro, es lo que puede pensar cuando se entere que te has dedicado a preguntar sobre su vida a sus espaldas. ¿No crees que se puede enfadar contigo por haberla engañado?

“Porque contigo se enfadará, pero a mi me cae la bronca de mi vida, idiota. No seas tozudo y escúchame, Santi, por favor”. Pensé para mi misma, mientras me debatía en argumentos que consiguieran convencerle. Como no dijo nada tras mi pregunta, seguí hablando.

– Además…¿no crees que ya ha tenido suficiente? Lo que menos necesitáis, es volveros a enfadar por algo tan tonto como esto. Sería una pena que después de todo, dejara de hablarte otra vez, Santi.

– Sofía, no voy a mentir a Elena.

– Yo no te pido que mientas – le dije esperando que fuera razonable, al mismo tiempo que daba amplias vueltas concéntricas por el pasillo –. Te pido que esperes a que sea el momento adecuado para que no le caiga la información como una losa. Sólo tendremos que esperar un poco.

Lo suficiente como para que me de tiempo a darle la vuelta a la tortilla, sin que me explote esto en la cara.

– Santi por favor… – le rogué mordiéndome las uñas.

– Está bien, pero sólo por el momento, Pat.

– Gracias Santi. No te arrepentirás te lo prometo. Te debo una – le dije recuperando el aliento.

– No se yo Pat, tampoco creo que sea para tanto…

– Te tengo que colgar Santi. Me estoy retrasando demasiado. Hablamos mas tarde ¿vale? Un beso fuerte.

Así, aliviada y eufórica por salirme con la mía. Colgué dándome prisa para que no le diera tiempo a arrepentirse.

 

 

 

 

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10 comentarios en “Capítulo 15: Sofía.

  1. Siempre un placer leerte. Insisto cada personaje de tu novela los creas tan completos, con diversos matices, tan reales, me encantan!! Cada que empiezo a leerte tengo sentimientos encontrados, una emocion y gusto y a la par un dejo de angustia, ya que se, que como siempre me voy a quedar con ganas de seguir leyendo y debo esperar de menos una semana para continuar. Gracias.

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    • Muchisimas gracias por tu comentario Bety. La verdad es que intento que cada una de ellas tenga su historia y su forna especial de enfrentarse a las cosas. Me alegra saber que eso se llega a percibir.
      Un beso Bety

      Me gusta

  2. Otro capítulo que nos deja con más ganas del próximo!!! Todas tenemos una Sofía en nuestro grupo de amigas jajaja! Me gusta ella y me gusta cómo nos mostras a todos, como son, sus puntos de vistas, virtudes, flaquezas… La novela va llegando de diferentes puntos de vistas y con cosas nuevas según a quién le toque contarla… Sos una genia!!!
    Esperando el próximo 😄
    Un fuerte abrazo!
    Noe

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  3. Ha estado bien saber que Sofía tiene sentimientos 😛

    La relación con Santi me ha sorprendido gratamente. (Y la longitud del capítulo también jeje)

    La novela continua con muy buen nivel y eso se disfruta 🙂

    Le gusta a 1 persona

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