https://www.instagram.com/perdiendolasformas/

Capítulo 12: primera parte.

A las nueve de la noche las pruebas dieron a su fin. Estaba tan cansada que no sabía muy bien como podía seguir sosteniéndome en pie. Mi cuerpo estaba allí pero desde luego yo no. Sólo me quedaban fuerzas para andar hacia la cama. Realmente me parecía increíble seguir levantada. Había estado tan absorta, con todo lo que había pasado, que no le había prestado atención a mi teléfono en toda la tarde. Tal vez mis ojos hayan estado demasiado distraídos en observar a Gabi desde la distancia. Tanto como para haber obviado que mi móvil ha parpadeado hasta llegar a los doscientos cuarenta mensajes sin leer.

  • Elena: ¿Cómo es posible que tenga doscientos cuarenta mensajes sin leer? ¿Alguien me hace un resumen?
  • Alex: ¿Qué alguien te haga un resumen? La que nos tiene completamente en vela eres tú. ¿Te cuelas en las pruebas de Sofi, con Gabi, y no se te ocurre darnos la primicia?
  • Elena: Debería habérmelo imaginado… ¡Sois unas cotillas!
  • Sofi: ¿Cotillas? ¡Qué cara tienes! ¿Por qué no me dijiste que Gabi estaba encargada de la prueba de hoy? Si lo llego a saber te mando el primer día para que quedes con ella y le hables de mí.
  • Elena: Pues porque no tenía ni idea.
  • Paula: ¿Elena, es verdad que Gabi es tan guapa como dicen?
  • Alex: Si es tan guapa como aparece en su facebook, es un bombón.
  • Paula: ¿Por qué habéis cotilleado a Gabi por facebook y no me habéis dicho nada? ¿Como se apellida? Tengo un ordenador delante.
  • Elena: No me lo puedo creer…
  • Alex: Gabi Díaz. Según Elena, le gusta que la llamen así.
  • Paula: Jajaja. ¡Voy!
  • Sofi: Paula, Gabi es guapísima, y además se come a Elena con la mirada.
  • Paula: ¡Aquí hay un montón de mujeres! Pistas please.
  • Alex: Espera que me meto yo también y te digo quien es.
  • Elena: ¿No tenéis nada mejor qué hacer? ¡Gabi no me come con la mirada!
  • Sofi:¡Venga ya! Ahora no te hagas la dura. No sabías ni hablar. ¡Te pusiste a balbucear!
  • Paula: Jajaja ¿De verdad? ¡Que mona!
  • Alex: Cada día estoy más sorprendida, Elena. No hay quien te reconozca. Por cierto, Paula, es la quinta chica que sale en la búsqueda.
  • Elena: No me puedo creer que la estéis buscando en facebook.
  • Paula: ¡Madre mía, esta chica está buenísima! Se la tengo que enseñar a Lucía.
  • Sofi: Pues en persona es aún más guapa, aunque esta foto le favorece bastante.
  • Elena: Pero si tú la acabas de ver en directo ¿para qué la buscas en facebook?
  • Sofi: ¡Pues para comparar y estar en la conversación!
  • Paula: Lucía dice que si no quieres nada con ella puedes darle nuestro número de teléfono.
  • Alex: Jajaja. Lucía siempre se supera a si misma.
  • Elena: Sois muy pesadas.
  • Alex: ¡Eso quiere decir que no, pero le da vergüenza admitirlo!
  • Sofi: Toda la razón , Chiwi.
  • Paula: ¿Y ahora qué? ¿Sigues por ahí?
  • Alex: ¡Uh! ¡Eso, eso, cuenta!
  • Elena: Sigo aquí, sí. Estoy esperando a que Gabi recoja sus cosas para despedirme.
  • Alex: Está esperando a Gabi…¡Se nos está haciendo mayor, chicas!
  • Paula: jajaja.
  • Sofi: ¡Quiero saberlo todo! Si te enteras de algo cuéntamelo por favor. Si hace falta que te acuestes con la fotógrafa para que consiga el papel, tú no te cortes. ¡Todas ganamos!
  • Elena: Os voy a colgar.
  • Alex: Has nombrado el sexo y ya le está entrando taquicardia. Tú también…
  • Paula: Sí, ¿no ves que se pone nerviosa cuando se toca el tema?
  • Elena: Yo no me pongo nerviosa cuando sale el tema.
  • Sofi: Siempre se me olvida lo puritana que es, sorry.
  • Elena: ¡Sois unas exageradas!
  • Alex: No hace falta que te avergüences, te queremos igual.
  • Paula: Sí cariño, te queremos tal como eres.
  • Sofi: Sí, además seguro que Gabi es una experta en la materia. Ella podrá hacer todo…

Eso fue lo último que leí. Cuando se ponen así son muy tercas. Saben muy bien como picarme y como llevarme al extremo para conseguir mosquearme.

Tras la actuación de Sofi había dedicado todo mi tiempo a estudiar a Gabi. La distancia me había dado la oportunidad, y la excusa perfecta, para mirarla con permiso sin ningún tipo de preocupación. Gracias a lo cual había podido descubrir algunas pequeñas cosas que me tenía completamente fascinada. Como que Gabi es zurda, o que suele morderse un poco el labio cuando no esta muy satisfecha con alguna de las fotos que saca. Se puede apreciar que se toma muy en serio su trabajo y que le pide exactamente lo mismo al resto. Cuando no obtiene el resultado que espera se nota muchísimo lo molesta que está. Resulta increíblemente gracioso ver lo que puede comedirse con las modelos. Logra sacar paciencia para ser amable, para disimular su evidente perplejidad y fastidio y sin embargo es incapaz de filtrar ciertos gestos cuando algo le sobrepasa.  Como si tuviese pequeños estallidos de humor que fuesen superiores a ella.

No obstante lo que más me había llamado la atención, lo que realmente me había tenido entretenida todas estas horas, es lo increíblemente guapa que está en cualquiera de sus facetas. Me ha parecido inaudito que no estuviera haciendo las pruebas, en lugar de llevar la cámara. Cuanto más se ha movido, más me he cerciorado de este hecho. Gabi es la fotógrafa porque lleva la cámara en la mano, porque si alguien se la hubiese quitado no hubiese desentonado ni un poco entre el resto de las chicas que estaban abajo. Verla desde mi silla ha sido algo más que adictivo, cuanto más la he observado más he necesitado seguir conociéndola.

Antes que Olga hubiese acabado de recoger sus cosas, y ambas nos dispusiéramos a marcharnos de la cabina, Gabi irrumpió en la habitación.

– Pensé que nunca se iba a terminar – dice exhausta, apoyando un hombro sobre el marco de la puerta – ¿Qué te ha parecido? ¿Olga te ha tratado bien?

– Ha sido una pasada – le digo girándome hacia ella -. Creo que somos de las pocas personas que te han hecho caso y se han divertido.

– No sabes lo que me alegro. Yo sin embargo he querido golpear a más de una con la cámara para que dejara de perseguirme. En serio… ¿era tan difícil hacer lo que estaba pidiendo? – nos pregunta completamente incrédula.

– Parece que sí – responde Olga, cargándose a los hombros una bolsa donde ha guardado todas sus cosas – ¿Mañana, mismo sitio misma hora?

– No, prefiero que empecemos una hora antes. Aún nos quedan bastantes modelos que ver.

– Perfecto. Entonces yo me marcho por hoy. Ha sido genial volver a verte, Elena – dice Olga acercándose a mí y dándome dos besos.

– Lo mismo digo – le digo despidiéndome de ella.

– ¿Vas a hacer algo ahora? – me pregunta Gabi tras despedirse de Olga -. Conozco un sitio estupendo que está a dos manzanas de aquí. Sirven una de las mejores cervezas de Madrid.

¿Una cerveza? Fría, bien fría. Tan fría como para despertarme de mis mas de treinta y dos horas despierta. ¿Eso existe? Claro que no existe. La misma pregunta es de por si absurda. Tal vez el problema esté en que hago las preguntas erróneas. ¿Merece la pena la cerveza? Merece la pena cien como esas. Lo diga en voz alta o me lo lleve a la tumba.

– Si tienes planes no hace falta que vayamos – dice en respuesta a mi cara de perplejidad – Me apetecía compensarte las horas de secuestro, nada más.

– Entonces… ¿Después de todo ha sido un secuestro? – le pregunto sorprendida.

– Digamos que ha sido un forzado empujón a algo que en el fondo te apetecía hacer. Realmente te he hecho un favor.

– ¿Siempre tienes tanto morro? – me asombro preguntándole retóricamente.

– Sólo cuando las chicas guapas son difíciles de convencer.

No se que me desgarra más. Sus frases directas apuntando al centro de mi sistema nervioso, su cara sincera diciéndome que su frase va completamente en serio o su mueca descansada que me traspasa hasta dejarme blanca.

Debería decirle que no, que me encantaría pero estoy agotada. Debería contarle que cuando no duermo y estoy fatigada, mis neuronas bailan y no saben comportarse. Que me vuelvo un ser peligroso que no sabe donde está y no mide lo que dice o hace. Debería marcharme ahora y tal vez llamarla mañana. Sí, tendría que ser todo lo racional que se ser, darle las gracias, ser educada y marcharme con lo puesto, porque mañana me espera un gran día de trabajo y hoy ha sido un lunes muy largo. Debería hacer todo eso, pero… mis funciones intelectuales están desconectadas y no se pensar. Una parte de lo que soy no está aquí. La Elena que lleva mi cuerpo y me manda, hace diez horas que se ha ido a casa y lo que queda de mí está en este momento al cargo. En frente de una mujer preciosa que me vuelve loca y que piensa que soy guapa.

– ¿Qué?, ¿te animas? – me pregunta haciendo un simple gesto señalando la puerta.

– Claro.

No hay ningún ápice de duda en mi tono. Cojo mi bolso, me enfundo mi fular alrededor del cuello y me pongo la cazadora, siguiendo a Gabi hacia donde ella quiera llevarme.

Un bar estupendo a dos manzanas del sitio donde nos encontramos, es una información tramposa a la que ya debería estar más que acostumbrada. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que los Madrileños nunca hemos sabido calcular distancias.

Me explicaré mejor. A los Madrileños nos gusta coger el coche para todo. Si tenemos que ir a la panadería y ésta se encuentra al otro lado de la castellana, utilizamos el coche. ¡De otra forma andaríamos! Cuando en vez de eso tenemos que ir al centro, la mayoría de la población decidimos viajar en trasporte público. Si usásemos el coche correríamos el riesgo de que se lo llevase la grúa, nos pusieran una multa o jamás encontrásemos aparcamiento. Vamos en metro por necesidad no porque nos guste usarlo. El último recurso a utilizar, porque no nos quede más opción o nos sintamos extrañamente optimistas, es andar.

Las raras ocasiones que caminamos calculamos fatal las distancias, es un hecho comprobado. Todos mentimos cuando tenemos que explicarle a alguien de fuera, el tiempo que vamos a tardar en llegar a pie de un punto a otro de la ciudad, pero esto no es culpa nuestra. Vivimos en una ciudad enorme donde todo está lejos y para nosotros lo que está, objetivamente a media hora caminando, lo consideramos transitablemente al lado. Por esa misma razón, no debería haberme extrañado andar tres paradas de metro hasta Alonso Martínez para tomarme una cerveza estupenda.

El sitio por otro lado, y en eso tengo que darle la razón a Gabi, es muy agradable. Ha elegido un lugar tranquilo, despejado, con sillones cómodos y una luz suave. Ideal para estar tranquilas y mantener una conversación. Lo cual sería perfecto, si estuviera sosegada y supiera como hablar normalmente con ella sin parecer idiota.

–  ¿Te apetece tomar algo?  – me pregunta nada más llegar y dejar las cosas en el sillón.

– Una cerveza estaría bien – contesto quitándome la chaqueta.

– Ahora mismo vuelvo.

Mientras la veo desplazarse hacia la barra y pedir nuestras cervezas, saco mi móvil para distraerme:

  • Alex: …como tenía su cuarto lleno de cajas y me daba pena, le he propuesto ver una película juntos. Así que me dispongo a ver Los siete Samuráis.
  • Sofi: ¡Tú lo que eres, es muy lista!
  • Elena: ¿De qué narices habláis?
  • Sofi: ¡La hija pródiga! ¿Ya nos hablas?
  • Alex: Si leyeras nuestras conversaciones en vez de marcharte, lo sabrías. ¿Por donde andas?
  • Elena: ¡Estoy con Gabi tomándome una cerveza!
  • Paula: ¿Qué?
  • Sofi: ¿Qué ha pasado?
  • Alex: ¡Ligona!
  • Elena: Ahora mismo no os lo puedo contar. Está volviendo hacia aquí. Llevo más de treinta y dos horas sin dormir. ¡Quiero morirme!
  • Alex: ¡Puff! ¿No habrás entrado en tu fase de cotorra, no? ¡Cuando no duermes, no hay quien te calle!
  • Sofi: No te vayas sin contarnos que ha pasado.
  • Paula: No me das ninguna pena. ¡Está buenísima!
  • Alex: A Lucía y a Paula les ha dado muy fuerte con tú novia, Elena. Yo que tú las vigilaba.
  • Elena: ¡No es mi novia! Chicas os tengo que dejar. Un beso.

Apago el móvil corriendo y lo meto apresuradamente en mi bolsillo, intentando no parecer torpe por haber confundido mi cazadora con la funda del sillón.

– Aquí tienes – me dice Gabi incorporándose al sillón donde estoy sentada. Se coloca justo a mi lado, me sonríe relajadamente y me ofrece una cerveza helada -. Espero que te guste, les he dicho a los camareros que era de vital importancia que estuviera buena.

– ¿Y eso? – le pregunto mientras acerco la jarra a mis labios y le doy un buen sorbo.

– No todos los día secuestro a alguien. He supuesto que corría el riesgo de que pudieses denunciarme, así que estoy intentando sumar puntos – dice mientras se ubica con el cuerpo de lado para poder hablar conmigo y mirarme a los ojos.

– Pues vas a tener que hacerlo mucho mejor. Desde luego con una sola cerveza no te vas a librar. Por algo como lo de hoy podrías haberme causado daños irreparables.

– Ah ¿si?- me pregunta divertida -. ¿Cómo podría haber hecho eso?

Podrías haberme causado una muerte súbita en varias ocasiones. Además has estado excesivamente cerca de mi cuerpo en varias ocasiones. Como ahora, que has decidido sentarte justo al lado. Lo cual no se que te parece a ti, pero a mí me descompone. Tú blusa blanca abierta hasta el escote también tiende a matarme; y no se si lo sabrás, pero yo no estoy nada acostumbrada a que una mujer como tú, se fije en alguien como yo.

– Existen múltiples factores a tener en cuenta – me sorprendo contestándole confiadamente. Como no me lo creo ni yo, le doy un buen trago a mi cerveza para proseguir con mi análisis –. En primer lugar me has encerrado en una cabina minúscula con un D.J. que tiene un gusto excesivamente vario pinto en música. No se puede oír a Led Zeppelin y a David Guetta a la vez ¡Va contra natura! – ¡OH Dios mío! No hay quien me calle. He entrado en esa fase del sueño. ¡Mierda Alex! ¿Por qué tenías que recordármelo? – Para proseguir he visto como múltiples mujeres, se esforzaban en bailar de forma rarísima, mientras intentaban placarte al mismo tiempo. Todo eso durante cuatro horas.

– A veces pienso que trabajo en un circo – me responde entre risas, mientras se acomoda el pelo detrás de la oreja – Pero tienes razón, mi secuestro te debe algo más que una cerveza.

– Sí, así es  – le respondo escondiéndome tras mi cerveza, cada vez más vacía.

– Creo que lo justo sería que me invitaras a cenar para solucionar este asunto – me dice de repente recolocándose en el sillón.

– ¿Perdona? – le pregunto atónita.

– Que yo recuerde me prometiste una cena hace días – dice Gabi levantando una ceja -. Creo que es el momento perfecto para que nos vayamos a cenar.

– ¿Pero tú te oyes? – le pregunto alucinada -. Primero me secuestras, luego me mientes con la distancia que tenemos que andar para tomar una cerveza y ahora… ¿pretendes que te invite a cenar?

– Está bien… – dice Gabi cogiendo aire y poniendo los ojos en blanco -. Te invitaré yo. Eso sí, espero que te gusten los juegos.

Veo como Gabi esconde una risa pícara.  Está tan segura que me hace sospechar. ¿Qué habrá querido decir con eso?

– ¿Por qué lo preguntas?

– Conozco un japonés increíble que está cerca de la calle Alcalá. Está un poco lejos, pero hace una noche estupenda y sería genial ir caminando desde aquí. Para que el paseo no se te haga tan pesado, esta vez, podríamos ir jugando. ¿Qué te parece? – Gabi se levanta del sillón con un gesto decidido y me ofrece su mano para ayudarme a levantarme del sillón.

Lo que me parece es que tienes un don para liarme. Gabi tiene una habilidad innata para conseguir lo que quiere de una forma sutil. Lo hace en su trabajo, lo hace con la gente, y sin lugar a dudas lo hace conmigo; porque parece como si desde el principio su plan fuese invitarme a salir, pero de esta forma tan suya, es como si lo hiciese para recompensarme. Me fascina.

Alterno la vista entre sus ojos y mi cerveza. Acabo con lo que queda de mi jarra de un solo trago y me incorporo a su lado con ayuda de su mano.

– Muy bien, tu ganas. Jugaré a tu juego, pero antes pienso tomarme otra de estas – le digo firmemente cogiendo mi jarra –. ¿Qué tengo que hacer?

Anuncios

2 comentarios en “Capítulo 12: primera parte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s