Capítulo 1

Lo único que quería era un descanso. Un par de minutos para cerrar mis ojos y olvidarme del resto del mundo. No pedía mucho, tan sólo uno minutos prolongados de silencio. Estaba agotada después de trabajar tantas horas seguidas. Necesitaba salir de ahí y perderme.

En un acto reflejo miré el reloj de mi muñeca con la esperanza de que me diera una tregua, pero lejos de ser así, las agujas de mi esfera apenas se habían movido desde las cuatro de la mañana. La noche se me estaba haciendo eterna además de tediosa. Sino hacía algo iba a terminar trastornándome. Así que cogí aire, me levanté de mi silla y salí decidida de la consulta, aprovechando que no había ningún paciente.

A veces soy como una prófuga que vaga intentando encontrar indulgencia. Me suelo esconder entre los pasillos del hospital como una vulgar ladrona. Sobre todo en las noches de guardia, en las que prácticamente nunca hay tiempo para descansar porque siempre hay alguien que te acaba encontrando. Es inevitable, pero forma parte de la emoción de lo ilícito. Si al salir de esta habitación no experimentara un ligero vuelco de estómago, no tendría ningún interés mi pequeño juego ocasional; por eso me recreo en mi huida. Ya que me he montado una historia en mi cabeza ¿qué mejor que creérsela?

Tuerzo por el pasillo central, que sale de la zona de planta, como una autómata. Mis pies se mueven solos. Se perfectamente a donde me dirigen pero les dejo actuar por instinto. Me gusta disfrutar de esa parte de mi cerebro que es autosuficiente y es capaz de pensar por mi, cuando llevo mas de veinte horas despierta.

Meto las manos en los bolsillos de mi pijama, rebuscando entre mis pocas pertenencias. Encuentro mi móvil debajo de un bolígrafo de propaganda, el teléfono de las guardias y una protector labial. Haga lo que haga en Madrid, siempre se me secan los labios. Lo odio con toda mi alma.

Miro la pantalla de mi teléfono mientras escucho los sonidos de mis pasos de fondo. Se me escapa una risa al comprobar que mis amigas son incapaces de defraudarme. Sábado que trabajo, sábado que salen de fiesta. Es una ciencia exacta y un pasatiempo particular de mis tres mejores amigas: Alex, Paula y Sofía. Sobre todo de Sofía, a la que cariñosamente llamamos Sofi desde el colegio. Le encanta torturarme con fotos de sus conquistas. Como si necesitase aportar pruebas de lo mucho que funcionan sus encantos. Me río mirando la foto por el hospital. Está posando con un hombre excesivamente musculado, y lleva colgado un letrero en las manos en el que se puede leer perfectamente: ¿After en el Gregorio Marañón?

     – ¿Será puta? – pienso, mientras se me escapa una risa sorda.

Aparco un momento mi móvil al llegar a mi lugar de destino. El olor a café aguado, que despide la máquina expendedora, consigue sacarme un ruido de placer. Podría ronronear como un gato sobre esta máquina ahora mimo. Ese futuro café y yo, somos lo más cercano a la felicidad que conozco en este momento.

Me siento en el suelo, con un vaso de plástico hirviendo entre las manos, mientras pienso en Sofi. Seguro que el pobre hombre acabará cegado como lo hacen todos. No le culpo, es una preciosidad: rubia, alta, lista y con carácter. Tiene ese poder demoledor que arrasa por donde pasa y que consigue obnubilar a cualquiera.

La verdad es que por mucho que me queje, cuando me envía fotos, o la oiga cotilleando por el chat de mi móvil con Alex y Paula, me encanta que no dejen de alegrarme las noches de guardia. Hay días duros y noches muy largas. Es genial saber que están ahí, a tan solo diez centímetros de mi alcance.

Estiro mi espalda sobre la fría pared y vuelvo a posar las manos sobre el teclado del teléfono, dispuesta a contestar a Sofi por el chat común que tenemos.

  • Elena: ¿Cómo que after en el Gregorio Marañón? ¿No te basta con que esté de guardia?
  • Paula: Jajaja ¿Qué tal va la noche?
  • Elena: Estoy escondida al lado de la máquina de café, no te digo más. ¿Y tú?,¿al final has ido a casa de Lucía?
  • Paula: Sí, su compañera de piso no duerme aquí hoy.
  • Sofi: Di que sí preciosa, disfruta. ¿Qué pasa Elena, no te ha gustado mi foto?
  • Elena: Espero que tu letrero signifique que vas a abandonar al explorador para venir a desayunar conmigo.
  • Paula:¿Qué explorador?
  • Elena: El hombretón que no puede cerrar los brazos. ¡Parece un croissant! ¿De donde te sacas a estos hombres?
  • Paula: Jajaja. No hay nada que hacer, es un caso perdido.
  • Sofi: ¿Y vosotras que sabréis? Todo el día hablando de mujeres. Para una vez que subo una foto de un hombre…
  • Paula: ¡Oye! Qué seamos lesbianas no quiere decir que no tengamos criterio.
  • Elena: ¡Bien dicho, Paula!
  • Alex: ¿No me vais a dejar dormir, verdad?
  • Sofi: Alex deja de protestar y silencia el móvil. ¿Qué haces en casa? ¿Por qué no me has llamado?
  • Alex: Tenía cine forum y se ha alargado. Podías haberte pasado un rato.
  • Paula: ¿Qué habéis visto al final?
  • Alex: Primer.
  • Sofi: Lo sé Alex, pero entiéndeme…
  • Alex: Entenderte es un misterio de la humanidad. A las rubias no las comprende nadie.
  • Elena: La última vez que me pusiste esa película, me hiciste un diagrama sobre las paradojas temporales. ¿De verdad pretendías que fuese Sofi?
  • Alex: A Sofi no le vendría mal ver algo interesante de vez en cuando.
  • Sofi: Por eso no te preocupes Alex, estoy viendo a alguien súper interesante en este momento. Además los sábados por la noche son para salir.
  • Elena: O trabajar…
  • Alex: Rubia, un respeto.
  • Paula: A las reuniones de Alex también van hombres, Sofi.
  • Sofi: Sí, un diverso grupo de frikis…¿Cómo se llamaba el último novio de Alex?
  • Paula: Lucas.
  • Elena: No, el último fue Iván.
  • Paula: Es verdad. Madre mía…ese hombre daba miedo.
  • Sofi: ¿Ese no era el acosador?
  • Alex: ¿Podéis dejar de hablar de mi como si no estuviera aquí? ¡Gracias!
  • Elena: Sí, Sofi. Estaba obsesionado con el blog de Alex.
  • Alex: Además ¿que culpa tendré yo de atraer sólo a hombres rarunos?
  • Paula: Rarunos es quedarse corta, Alex.
  • Sofi: Y eso que no para de destripar películas por la red. Sigo sin explicarme como tienes tantos seguidores.
  • Elena:Jajaja. No lo puede evitar, es parte de su encanto personal.
  • Alex:¡Aquello sólo ocurrió una vez! Que mala es la envidia…

Conozco a Alex desde que éramos pequeñas. Vivimos las dos juntas en un piso en Ponzano, junto con nuestra amiga Paula. Llevamos vidas completamente paralelas y aún así conseguimos sacar tiempo para estar siempre conectadas. No se…supongo que somos una clase especial de familia. Para nosotras contar con el resto es tan necesario y habitual como respirar.

Alex trabaja de diseñadora gráfica en una revista de cine. Se encarga principalmente de la maquetación, aunque desde hace unos meses escribe también una columna de opinión. Hablaba tanto y tan frecuentemente de cine en la empresa, que su jefe acabo proponiéndole que escribiera un articulo para no tener que soportarla en su tiempo libre. La idea era que eligiera las cinco mejores películas del año pasado y hablase de ellas. Eso fue lo que hizo Alex, de hecho se lo tomó tan en serio que acabo revelando el final de Perdida de David Fincher por Internet. Desde entonces @Chiwii007 (a si se llama su alias) se ha convertido en un fenómeno de las redes sociales. A las dos semanas ya tenía más de cincuenta mil seguidores en twitter. Ha sido algo viral, la gente no ha parado de citar a Alex en diferentes medios, y desde entonces ha habido comentarios para todos los gustos. Entre mis favoritos, sin lugar a dudas, están los que aluden al 007 de su alias, como una licencia particular para “spoilear”.

Por suerte para ella, su jefe está encantado. La polémica esta disparando el número de suscriptores. Además Alex es un trozo de pan. Tenerla cerca es ya de por si un triunfo. El único problema que tiene es su incontinencia verbal. Cualquier persona que la conozca lo sabrá con la misma certeza que yo. Ella habla de lo que tiene que hablar por una necesidad visceral. Comparte arrastrada por una emoción eléctrica que nace de sus entrañas, sin darse cuenta que su público puede desconocer del todo esa información. Es superior a sus fuerzas, cuando se activa esa neurona en su cerebro Alex es imparable; pero es que no conozco a nadie que pueda sentir tanto las cosas como ella. Es algo increíble que constantemente me desconcierta. Tiene una facilidad inhumana para captar detalles que los demás mortales nos perdemos. Es como un compendio de sabores desconocidos. Ella los encuentra, los huele, lo siente, los expande y te los regala. Lo hace de una forma tan desbordante y tan natural que no compartirlo sería una crueldad inhumana. ¿Cómo no iba a revelar el final de Perdida?

Para mí, su secreto es el tono con que cuenta las cosas. Se expresa de una forma natural y cercana, aportando un montón de datos sobre lo que habla. Nadie puede negar que tenga un problema de verborrea, eso es irrebatible, pero también es una enciclopedia viviente de información cinéfila. Se lo sabe todo. Se pasa la mayor parte de su tiempo libre viendo películas de cualquier tipo de género, y como no le gusta nada estar sola, Paula y yo solemos sufrir los altibajos de sus descubrimientos cinéfilos. A mi me toca tragarme bazofias de todo tipo, mientras Paula aprovecha sus superpoderes para dormirse en el sofá. Lo bueno es que la mayoría de ocasiones vemos películas estupendas, que de no ser por ella nunca conocería. Vivo con un video club parlante y una psicóloga adicta al trabajo.

El ruido del teléfono, del hospital, me saca de mis ensoñaciones. Rebusco entre mi pijama mientras el dichoso aparato me devuelve a la realidad

      – ¿Sí? – Contesto con desgana.

      – Elena, tienes un aviso en urgencias. Alguien se ha torcido un pie.

      – En seguida voy. Gracias Adela.

Cuelgo el teléfono y me lanzo hacia la inmensidad del pasillo como una zombie. Nada me apetecería más que tomarme un café de verdad con mis amigas.

Cruzo la sección de planta en dirección al ascensor. Tiro mi vaso vacío en una de las papeleras metálicas que hay en el suelo. Acto seguido busco mi móvil para despedirme de las chicas.

  • Elena: El deber me llama…
  • Paula: Venga preciosa, que no te queda nada para acabar.
  • Alex:¿Algún aviso interesante?
  • Elena ¡Que va! Una torcedura de pie. La gente ya no es original ni para eso.
  • Alex: Desde luego…sin sangre no hay diversión.
  • Elena: ¿Y Sofi?
  • Alex: Seguramente comiéndose un croissant. Jajaja.
  • Elena: Jajaja.
  • Paula: Animo guapa. No desesperes, puede que hasta te sorprendas.
  • Elena: Ya,seguro… Un beso chicas.
  • Alex: Besos.
  • Paula: Besos.

Entro en el ascensor con paso firme, me doy media vuelta y aprieto el botón que lleva a urgencias. Las palabras de Paula se hacen hueco en mi cabeza y me río de su optimismo exagerado.

Paula casi nunca tiene tiempo libre. Se pasa la vida trabajando. Tiene una consulta psicológica montada en el centro de Madrid con tres colegas de su promoción. Empezó con un par de pacientes y dos trabajos basura. No la conocía nadie, y a base de esfuerzos ha conseguido hacerse una cartera de clientes. Hay días que pienso que no va a dar abasto. Puede irse la primera de casa y llegar la última. Aún así le sobra tiempo para estar con nosotras y ver a su novia. No se como lo hace. Es tan responsable que a veces llega a olvidarse de si misma. Como ahora, en vez de estar disfrutando de su noche a solas con Lucía estará preocupada pensando en mí, por más que lo esconda es una cuidadora nata. No puede soportar que las personas de su alrededor estén a disgusto. Es capaz de esperar eternamente a que sea el momento exacto para cada cosa. Supongo que por eso acabó estudiando psicología. La profesión le va como anillo al dedo. Ella se sienta en su silla de paz espiritual y espera a que los astros se alineen. Yo sin embargo, si fuera ella, a los cinco minutos querría salir corriendo y quemar esa silla. Su paciencia me supera, es de otra especie. Pero Paula es así. Se presentará la primera a la mínima que tengas un problema. Es de las personas mas fieles que conozco. No me ha dejado tirada ni una sola vez en veinte años y eso que no le han faltado motivos. Es buena como ella sola.

Tal vez por ese motivo su palabras se me quedan suspendidas en la cabeza, mientras bajo por el ascensor. Algo en mi estómago se mueve y me mantiene alerta. Por más que intente alejar la idea de mi mente, una sensación empieza a hacerse eco en mi interior ¿qué podría esperarme abajo?

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